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La indiferencia apaga los libros: el triste destino de las Pequeñas Bibliotecas Libres en El Retiro

Las Pequeñas Bibliotecas Libres no son un adorno urbano ni una ocurrencia romántica. Son una de las iniciativas más sencillas y efectivas de fomento a la lectura en el mundo. Nacieron en Wisconsin, Estados Unidos, y hoy existen en más de 120 países. Funcionan con una lógica poderosa: libros al alcance de cualquiera, sin trámites, sin barreras, sin excusas.

En El Retiro, Antioquia, esta idea llegó hace una década. Se instalaron dos Pequeñas Bibliotecas Libres gracias al trabajo de COMELIBROS.COM, el respaldo del Concejo Municipal y el apoyo claro del entonces director de Cultura, Camilo Cortés. Hubo voluntad, hubo visión y hubo compromiso institucional. Funcionaron. Circularon libros. Se leyó un poco más.

Hoy el panorama es otro. Las bibliotecas no desaparecieron de un día para otro; se están extinguiendo lentamente. Durante la administración de Nolber Bedoya, comenzó el ocaso: madera deteriorada, libros dañados, abandono visible. Hoy todo ocurre bajo la mirada indolente y miope de la Alcaldía de El Retiro, encabezada por Santiago Montoya, que es la responsable directa de su mantenimiento.

El mensaje implícito es claro y preocupante: las iniciativas que no nacen de la administración de turno no merecen cuidado. Se dejan marchitar hasta que desaparecen, casi sin ruido, casi sin protesta. Es una forma silenciosa de borrar lo que no es propio, aunque sea valioso, aunque funcione, aunque beneficie a la comunidad.

Esto no es un problema menor ni anecdótico. El abandono de estas bibliotecas refleja una concepción pobre de la cultura y del fomento a la lectura. Revela una administración más preocupada por el control simbólico que por la continuidad de las buenas ideas. La lectura no necesita grandes discursos ni campañas rimbombantes; necesita cuidado, coherencia y respeto por lo que ya existe.

Lamentar el estado de las Pequeñas Bibliotecas Libres en El Retiro es lamentar algo más profundo: la normalización de la indiferencia institucional frente a la cultura. Es una pena, sí. Pero también es una alerta. Porque cuando los libros se abandonan, no se deteriora solo la madera: se empobrece el espacio público y se estrecha el horizonte cultural del municipio.

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